Viajes

Cada destino es una lección. Con los años he atravesado culturas, paisajes y encuentros que contribuyeron a formar mi visión del mundo — y a reforzar la certeza de que vivir en otro lugar, algún día, era no solo posible sino necesario.

Entre todos los viajes, uno quedó como el punto de inflexión: el Venezuela de 1997, el primer contacto con América Latina que sembró el deseo de una mudanza definitiva, proyecto realizado veintiséis años después en República Dominicana.

Enero de 1997 · El viaje que lo cambió todo

El Viaje a Venezuela

Diecinueve días entre Caracas, Puerto La Cruz, el Delta del Orinoco con la tribu Guaraho, la Cueva del Guachero y el archipiélago de Los Roques en velero. Un viaje escrito día a día, con la curiosidad de quien miraba Sudamérica por primera vez — y reconocía en ese mundo algo propio.

El viaje terminó con el fallo en pleno vuelo de la aerolínea venezolana Viasa y el regreso de emergencia con Air France. Pero lo más importante ya había ocurrido: la certeza, silenciosa e irrevocable, de que algún día me mudaría a América Latina.

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Cuba

1999: Santiago de Cuba: persiguiendo el SON

Inspirado en Buena Vista Social Club, documental de Wim Wenders (1999).
Dirección: Wim Wenders · Guion: Wim Wenders y Nick Gold · Producción: Ry Cooder · Fotografía: Jörg Widmer.
Con los músicos de Buena Vista Social Club. Una producción de Road Movies Filmproduktion (Alemania) e ICAIC.

Todo nace de una película: Buena Vista Social Club de Wim Wenders me hizo descubrir el son cubano, y me enamoré de él. Para seguir su rastro hice dos viajes a Cuba, el primero justamente a Santiago, cuna de las "trovas santiagueras" — pequeñas formaciones que, con poco más que una guitarra y una clave, entonan son por la calle, en los patios de las casas.

Dejé el resort para perseguir esa música por las calles de la ciudad, cámara en mano. El comportamiento inusual de un turista solitario no pasó inadvertido: un cubano amable, enviado en realidad por los servicios de seguridad para entender mis verdaderas intenciones, terminó convirtiéndose en mi guía hacia familias, casas y mesas cubanas auténticas. Un malentendido que se transformó en el encuentro más genuino del viaje.

No viajo para coleccionar lugares, sino para dejarme cambiar por ellos.